Papa visita una comunidad jesuita en su último día en Japón

El papa Francisco concluyó el martes su visita a Japón de una forma muy personal: pasó la mañana con hermanos jesuitas en una comunidad que habría sido la suya de haberse cumplido su sueño de ser misionero.

27 noviembre 2019 |

El papa Francisco concluyó el martes su visita a Japón de una forma muy personal: pasó la mañana con hermanos jesuitas en una comunidad que habría sido la suya de haberse cumplido su sueño de ser misionero.

Francisco ofició la misa de la mañana en la capilla de la Universidad Sophia, dirigida por la orden, y visitó a sacerdotes retirados y enfermos antes de pronunciar un discurso sobre la educación jesuita en el último acto de su semana de peregrinaje por Asia.

“En una sociedad tan competitiva y orientada a la tecnología como la de Japón hoy en día, esta universidad debería ser no solo un centro de formación intelectual sino también un lugar donde puedan tomar forma una mejor sociedad y un futuro más lleno de esperanza”, dijo el pontífice a profesores y alumnos.

Cuando era un joven jesuita en Argentina, Jorge Mario Bergoglio soñó con seguir los pasos de San Francisco Javier, quien llevó el cristianismo a Japón en el siglo XVI. Su salud se lo impidió, pero el actual papa bromeó con obispos japoneses a su llegada a Tokio diciendo que se “vengó” cuando estuvo al frente de la orden en Buenos Aires y envió a cinco sacerdotes argentinos al país como misioneros.

Uno de ellos es ahora el responsable de la orden en Japón, Renzo De Luca, quien fungió como intérprete del pontífice durante el viaje.

Si Francisco hubiese ido a Japón como misionero, habría terminado en Sophia, una prestigiosa universidad privada que atiende a los adinerados, como muchas de las escuelas católicas en el país.

En su discurso, Francisco instó a la escuela a no ser un centro únicamente para las élites sino a considerar también a grupos más marginales.

“La educación universitaria de calidad no debería ser el privilegio de unos pocos, sino que debe estar constantemente influenciada por el esfuerzo para servir a la justicia y al bien común”, apuntó. “Los marginados serían incorporados de forma creativa a la vida y al currículo de la universidad, en un esfuerzo por lograr un enfoque educativo destinado a reducir las distancias y las desconexiones”.

El papa instó además al centro a mejorar su plan de estudios para incluir más preocupaciones ambientales, siguiendo sus propias prioridades y las presentadas recientemente por los jesuitas para sus escuelas, iglesias y programas en todo el mundo.

Los estudiantes se congregaron en el exterior del centro para recibir a Francisco y algunos alumnos del departamento de teología desplegaron una pancarta de temática medioambiental con la palabra “Bienvenido” en español.

Según dijeron, se sentían especialmente cerca de Francisco porque lo consideraban de mente abierta y un amigo.

“Le llamamos papa porque es muy cercano a nosotros”, señaló Leo Ito, un estudiante de teología en Sophia.

Tsukasa Yano, un alumno de periodismo y católico de 19 años, hizo fila durante horas antes de la llegada del pontífice y logró que le bendijese su cruz.

“Estoy totalmente abrumado. No tengo otra palabra”, dijo Yano mostrando la cruz en su mano. “Fue muy amable con nosotros”.

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