En Facebook la gente se muestra más culta de lo que verdaderamente es poniendo determinadas lecturas

Perderse por las subordinadas infinitas de Marcel Proust, el hermetismo de James Joyce o la densidad oceánica de Herman Melville puede aportar desafíos cognitivos interesantes.

07 marzo 2019 |

Perderse por las subordinadas infinitas de Marcel Proust, el hermetismo de James Joyce o la densidad oceánica de Herman Melville puede aportar desafíos cognitivos interesantes. También, sobre todo, presentarte frente a los demás como más culto, más inquieto, más inteligente.

Sin embargo, mostrar que disfrutas de Cincuenta sombras de Grey puede dejarte a la altura del betún. Por eso es mejor publicitar lo primero pero ocultar lo segundo. Justo lo que hace la mayoría de la gente en Facebook.

Placeres culpables
The Atlantic es una importante revista dirigida para intelectuales: sus artículos son sesudos y gozan de una gran reputación. The National Enquirer es una revista de chismorreos, a menudo sensacionalista.

Las dos publicaciones tienen tiradas medias similares. También hay un número similar de búsquedas en Google de ambas publicaciones. Sin embargo, las cosas son muy diferentes en Facebook, tal y como explica Seth Stephens-Davidowitz en su libro Todo el mundo miente:

En Facebook, cerca de 1,5 millones de personas han hecho clic en el botón de "me gusta" de The Atlantic o comenta artículos de esa revista en sus actualizaciones de noticias. Por el contrario, solo unos 50.000 han hecho clic en el "me gusta" de The Enquirer o comenta sus artículos.

Así quedan las cosas, con los datos en la mano, según este autor:

Tirada: en torno a 1 Atlantic por cada 1 Enquier.
Búsqueda de Google: 1 Atlantic por cada 1 Enquirer.
"Me gusta" en Facebook: 27 Atlantic por cada 1 Enquirer.
Tal vez es lo que usuarios de Facebook son más cultos que los que compran revistas o los que hacen búsquedas en Google, pero es es difícil de creer. Así que todo parece indiciar que los usuarios no están contando la verdad, o solo cuenta la versión más positiva de ellos mismos.

Escritores despreciados por sus coetáneos como Edgar Allan Poe o Arthur Rimbaud, ahora son adorados y de consumo obligatorio en muchos colegios. Quizá pasa lo mismo con The Enquirer. O con Cincuenta sombras de Grey. Pero claro... no nos podemos arriesgar a que los demás piensen que somos menos inteligentes de lo que nosotros pensamos que somos, o de lo que nosotros queremos que piensen los demás que somos.

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